viernes, 26 de julio de 2013

Lo importante era mantener los principios que dieron nuestros origenes

Para un joven de los años 70 las condiciones de vida eran difíciles, convivir en una sociedad donde la revolución del modernismo empezaba a hacer sus apariciones, las modas físicas, los atuendos y los esquemas, eran condiciones chocantes con otra parte de estos jóvenes que luchaban por una parte por mejores condiciones de vida y por otra por respeto a la moral y buenas costumbres condicionadas por una sociedad conservadora.

Las condiciones de vida para las familias Jaquimeyera en esa época no era muy buena, un par de zapatos, un pantalón y una camisa eran suministradas a sus hijos cuando las que tenían no aguantaban mas el uso de la lata de agua hirviendo, el caro y el jabón de cuaba. Para los que tenían cierta condiciones económicas podían en diciembre o en las patronales darse el lujo de estrenar sus babuchas.

Ya avanzado los setenta estos jóvenes con ciertos aires de independencias y motivados por ser auto-suficientes en el uso de algunos "lujos" de la época se embarcaron en los trabajos de oportunidad del medio; cuando se acercaba una fiesta, eran muchos de estos chicos que buscaban realizar un día de trabajo agrícola por dos pesos ($2.00), juntarse un grupo para el corte de unas piezas de caña, ir al curro a realizar un trabajo con unas carretillas de fibras de vidrio que pesaban como 80 libras cada una, aparte de la sal que transportaba.

Los integrantes del glorioso equipo de pelota "Los Diablos Rojos" realizaron trabajos en la mina de sal, corte de caña en las fincas del CEA, esto para comprar útiles deportivos, al igual que otros lo que formaban equipos juveniles.

Que orgulloso se sentía un joven de la época con un afro y una peineta en el bolsillo trasero del pantalón, los mismo que un pantalón campana de poliester, una chacabana "zafari" con la misma tela; realizar un trabajo de siete de la mañana hasta las cuatro o cinco de la tarde por dos pesos para ir a una fiesta o compartir un domingo con los amigos en el bar, era admirable porque estaban disfrutando el dinero que ganaban con el sudor de sus frente.

La gran mayoría de nuestros jóvenes que hoy son profesionales o tienen un oficio fueron educado para ser productivos, enseñándoles que todo tiene un costo en la vida, sustentado en el refrán "el que siembra vientos, cosecha tempestades", porque la dedicación, disciplina y respeto por el trabajo enaltece al hombre.

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