lunes, 8 de julio de 2013

El fallo en el caso Leonel

Orlando Gil
orlandogil@claro.net.do
@orlandogildice

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EL PROPÓSITO.- Ahora resulta que todo el mundo sabía por adelantado que el juez iba a confirmar la decisión de la fiscal de archivar el expediente contra Leonel Fernández, incluyendo el querellante Guillermo Moreno. La pregunta se hace obvia: ¿Qué sentido tuvo perder tiempo, gastar papel y provocar disturbios en la corte si se suponía un fallo favorable al ex jefe de Estado? ¿Simple ociosidad? La impresión que queda es que más que perseguir a Fernández, lo que se busca es poner a prueba la justicia, o en la peor de las circunstancias, desacreditarla. Pues si se dice que es comprada o que responde a designios ajenos a su jurisdicción ¿por qué se insiste en un cometido que se sabe que no puede llenar? En el trance deja qué desear el político, pero también el abogado. Recuerdo a un profesor de derecho en la Uasd que aconsejaba a sus alumnos tener en cuenta la gallera antes de hacer la apuesta. Conocer al juez o al tribunal antes de someter un caso. Los abogados norteamericanos saben que no es lo mismo un jurado de negros que uno de blancos… 
LO DUDAN.- Guillermo Moreno posiblemente crea que se la está comiendo, políticamente hablando. La prensa recoge sus querellas y cubre sus comparecencias ante los estamentos de justicia, y no hay dudas de que está viviendo sus quince minutos de fama y que es el hombre del momento. Sin embargo, sus seguidores recelan del cometido, o no entienden cómo es que sus “logros” no se registran en las encuestas. Es decir, que su protagonismo debió haberlo colocado por encima de Fernández o de cualquiera de las otras figuras que compiten por el favor público. Al principio daba pena, pues acudía a las citas judiciales prácticamente solo, quedando a merced de una tropa de choques, enviada con el deliberado propósito de hacerle la vida imposible. La última vez lo acompaño La Multitud, con sus muchachos y sus consignas. Incluso, fue un coro con poco entusiasmo, pues nadie quedó ronco. A menos que todos fueran piqueros y sepan levantar la voz sin afectarla…
EL FONDO.- En el caso Moreno versus Fernández se da un fenómeno interesante: los magistrados toman sus decisiones, y el público las reprueba, pero nadie va al fondo y se hace una contestación con base. Claro que no se puede esperar que la calle, o la esquina, o la cafetería o el bar tengan conocimientos jurídicos y manejen las leyes como los profesionales del derecho. Empieza como chercha, y como chercha se queda. Sin embargo, hay abogados que no tienen hachas que afilar contra Moreno o Fernández que consideran que Moreno equivocó el procedimiento. Que se querelló contra Fernández y no contra la Funglode, que fue la que recibió los dineros que se dicen pecaminosos. Actuar contra una persona moral no es igual que hacerlo contra una persona física, o en este caso, política. Incluso, se pone en dudas que Moreno sepa lo que es una fundación, o en especial Economía y Desarrollo, que es de Fernández, pero de la que no puede disponer como un bien particular. De manera que podría estar agarrado en su propia trampa… 
LA ESCALERA.- Será difícil, por no decir imposible, que Moreno desande sus pasos y se encamine contra Funglode y no contra Fernández. Fuera como renunciar a su estrategia política, que era usar la persecución o el sometimiento de Fernandez como escalera para subir políticamente. Un propósito que igual se ha ido perdiendo en el transcurso del proceso, pues Fernández no es al día de hoy la carta que el PLD vaya a poner sobre la mesa en el 2016. Si Fernández era el principal polo de atracción de cara a esos comicios, constituirse en su oponente era redituable. Eso pensó Hipólito Mejía, e igual Moreno. Ese factor, sin embargo, ya no pesa tanto, y las encuestas no lo descartan, pero no lo colocan como favorito. Fernández no supo jugar en las calles, acostumbrado a los grandes estadios, y no pudo mantener sus números. Ser contraparte de quien tiene un once por ciento no ayuda a posicionarse y mucho menos a alcanzar cotas decisivas. A menos que Moreno crea que – como dice la canción – para llegar al cielo se necesita una escalera grande y otra chiquita…

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